“En este momento, unos 30 efectivos militares están rodeando la emisora, todo indica que al parecer también nos estarían obligando a cerrar”, alcanzó a decir Karla Rivas, periodista de Radio Progreso-Eric, antes que las frecuencias de esta emisora sólo emitieran el sonido de la nada ese 28 de junio de 2009, día que las élites en Honduras en complicidad con los militares dieron un golpe de Estado.

En nueve años se han dado dos golpes más en la debilitada democracia hondureña; el golpe a la Sala de lo Constitucional en 2012 con la destitución de sus magistrados, colocando a quienes años más tarde darían paso a la ilegal reelección para culminar con el tercer golpe: el fraude electoral de 2017. Siendo estas secuelas de aquel 28 de junio.

El sacerdote Ismael Moreno sj, señala que la crisis en que se sumergió Honduras luego de las cuestionadas elecciones del 26 de noviembre de 2017 “es la continuidad del golpe del Estado”, además asegura que “las mismas familias, los mismos grupos de poder que apoyaron el golpe son los que avalaron la reelección ilegal y el fraude electoral”.

En la investigación “Élites, Redes de poder y Régimen político en Honduras”, liderada por el Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación- ERIC-sj-, destacan los nombres y la forma de actuar de estas esferas y grupos de poder económico a los que se refiere el Padre Melo.

Moreno resalta que a partir del golpe de Estado se ha configurado una alianza de tres grandes actores: la élite oligárquica, la burocracia política y las transnacionales, alianza que conduce las decisiones del país. Pero esta alianza no puede sostenerse sin el respaldo de los militares, el gobierno de los Estados Unidos, y el crimen organizado, apuntó.

Violaciones a derechos humanos

El 28 de junio de 2009 se desencadenó un abanico de violaciones a derechos humanos: torturas, persecución, agresiones sexuales, represión y asesinatos. La Comisión de la Verdad y Reconciliación determinó que algunas de estas violaciones pueden considerarse crímenes de lesa humanidad, que a nueve años siguen en la impunidad.

Estas mismas violaciones se presentaron en la crisis post electoral. Durante las protestas los militares asesinaron, lesionaron, torturaron y detuvieron a manifestantes ilegalmente, así lo dice el informe del Alto Comisionado de Derechos Humanos.

“El impacto de las violaciones a los derechos humanos fueron graves; las heridas del golpe de Estado siguen abiertas”, enfatizó el abogado Joaquín Mejía. Para el profesional del derecho, en ese 2009 las instituciones democráticas no cumplieron con su rol; el Comisionado Nacional de DDHH (Ramón Custodio) no atendió las denuncias y avaló las violaciones a derechos humanos; el poder judicial bendijo jurídicamente las acciones ilegales del gobierno de facto y protegió a los militares que cometieron el golpe de Estado, impunidades que siguen cargándose y replicándose por la falta de justicia.

A lado de quienes siguen impunes de cometer los atropellos contra el pueblo hondureño, se encuentran los grupos de poder y las alianzas internacionales que se vuelven cómplices por avalar y motivar la falta de justicia en Honduras.

David y Goliat

Entre crisis, corrupción y fraudes han pasado nueve años, y ha quedado claro quiénes están detrás del gobierno formal tomando las decisiones y colocando funcionarios públicos, pero también se ha dejado comprobar la indignación y el cansancio de la población hondureña.

En estos años se han visto las movilizaciones más grandes de los últimos 15 años, como también las represiones más crudas por parte de la Policía Nacional, Policía Militar y Ejército. Pero hay algo que no termina de hilvanar y que se convierte en un gran desafío para la sociedad: que las movilizaciones sean expresión de organización.

“Primero hay que crear conciencia de la responsabilidad que tenemos con Honduras, segundo, hay que reconocernos como sectores oprimidos y encontrarnos, organizarnos… sólo así podremos identificar a los auténticos opresores, sólo esto nos llevará a la recuperación de nuestra soberanía y del Estado”, apuntó el padre Melo.

A nueve años el movimiento social hondureño tiene el desafío de seguir construyendo propuestas para lograr articular y organizar todos los sectores excluidos y empobrecidos de Honduras, sólo de esta manera se podrá identificar y vencer a esos grandes grupos y redes de poder, así como David y Goliat, concluyó diciendo el padre Ismael Moreno.

 

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